Publicidad:
La Coctelera

EL CLAVADISTA SOLITARIO

Excusas absurdas para la supervivencia de Julian Bluff

4 Febrero 2009

MESSAGE IN A BOTTLE

Bottiglie / Bottles por C'est moi!.

 

Hace ya dos años que puse en marcha este tinglado. O por ahí. ¿Y qué hacemos para celebrar el acontecimiento?. Nada, no vamos a hacer nada. Consignar una vez más que seguimos en pie, inasequibles al desaliento (no me resisto a recurrir al tópico esta vez, viene al pelo) lanzando al mar una botella vacía detrás de otra con sus correspondientes mensajes dentro del vidrio. Porque -seguro que de eso sí que se habrán dado cuenta- esto es una isla, o mejor un islote, abrupto, lleno de flores, con algunas praderas, serpenteantes arroyos, que únicamente se encuentra habitado por un servidor, el burro delante..., y otros pocos desencantados, escasos, que han huido a bordo de una pequeña barca, remando a lo bestia y leyendo a lo listo, del "Caspa & Bilis": un transatlántico inmenso, horrible... en el que por las noches no deja de sonar la charanga ¡hasta las tantas! y los gritos y los insultos entre los pasajeros, a causa de la más mínima incidencia surgida, incluso de su sugestión, constituyen la causa fundamental que dota de sentido a la travesía. E incluso al barco.

 

Lamentable barco el "Caspa & Bilis" avanzando a trompicones, sin un rumbo fijo, con el pasaje enredado todo el tiempo en discusiones bizantinas que acostumbran a terminar a hostias y sufriendo un naufragio tras otro a causa de la impericia y la prepotencia de la tripulación que lo gobierna. No hay que tener lástima, sin embargo. Bien satisfechos y orgullosos que se sienten unos y otros, en su inmensa mayoría, de tales peripecias: su murga, sus invectivas, su ignorancia... porque lo peor... lo más lamentable de toda esta historia de la que les hablo es que en el Caspa & Bilis nadie - ni el capitán ni la tripulación ni el pasaje- se arrepiente ni por asomo de su manera de actuar y todos ellos concuerdan en alabar casi hasta llegar a incurrir en la arrogancia, y esto es ya a mi juicio el colmo de las aberraciones, los peculiares atributos de la nave. Ese triste armatoste gris lleno de remaches y hollín que vaga a la deriva, en solitario, rugiendo, permanentemente extraviado entre fantoches, matones y aquelarres.

 

Permanezcamos entonces nosotros, a salvo, en la isla, a la espera de que venga a rescatarnos el Caspian & Bilitis, entretenidos con bromas sin saña, protagonistas de apacibles aventuras cual personajes del señor Defoe o el abate Swift y dejemos una vez más que el otro barco atraviese la línea del horizonte, ante nuestros mismos ojos, sin agitar ninguno de nosotros el pañuelo.

 

¡Uffh! ¡Ya pasó de largo! ¡Qué alivio!.

3 Febrero 2009

POSIBILISTAS

 

Progresa la tarde con pereza en el cuentakilómetros, exprimo la autopista. Llevo un mecano gris para mi ahijado. Cae la nieve. Conduzco. Cae la nieve. El chaval va a construir: tractores, orugas, grúas...

 

Cae la nieve. Los tornillos son muy pequeñitos, pero el sabrá como apretarlos; sus dedos son los dedos del mañana.

 

27 Enero 2009

EL HOMBRE / LA MUJER

SESION CONTINUA

 

¿Dónde finaliza el camino? ¿Lo sabe alguien? Le pregunté a un cabrero donde terminaba el camino y él me contestó que no lo sabía, que las cabras lo abandonaban siempre antes de llegar a su término y que él se dejaba guiar por el instinto de los animales para encontrar comida y no le preocupaba en demasía conocer el rumbo exacto de las trochas. Le pregunté a las estrellas donde terminaba el camino y algunas me contestaron que hay caminos, muchos, que nunca concluyen, que giran y giran y giran hasta confundirse con el tiempo y acaban revelándose, tras cada circunvalación, completamente distintos a como eran antes. Pregunté también a una brújula donde terminaba el camino y ella me señaló el norte, "dirígete siempre al norte" interpreté que me decía la brújula, cuando lo cierto es que la ruta por la que yo transito, de tantas curvas y revueltas como tiene, avanza hacia los cuatro puntos cardinales y a veces va al norte, sí, pero otras se dirige al oeste, y otras al sur, y muestra, más comúnmente, una marcada predisposición por marchar hacia el levante, al encuentro mañanero con el sol. 

 Me senté en una roca junto al camino a recapacitar, lleno de dudas, y en esas apareciste tú. Al verte, te pregunté donde desembocaba la senda por la que venías, la misma que yo había estado pateando momentos antes, y no supiste darme una respuesta clara. O yo no te entendí bien, quizás. Así, de entrada, empezasté a contarme con bastante decisión del asunto, señalando el nombre de dos o tres pueblos no demasiado conocidos, pero poquito a poco creo que te fuiste liando. Y empezaste a hablar sobre el deseo de buscar la felicidad innato a todos los hombres; de un lugar en el bosque desde el que por las noches se escucha perfectamente cantar a las lechuzas; de una cueva con una fragua de hierro donde años ha se acrisolaron centenares de pequeños cristales rojos para ensamblar vidrieras; del amor inmenso destinado a los hijos, y otras cosas por el estilo, que a mi me confundieron un tanto. Iba buscando un lugar, unas coordenadas precisas, no un muestrario de buenas intenciones o forzadas parábolas manieristas. Pero me gustaba tu voz. Y las cosas que decías, pese a desconcertarme, instigaban mi curiosidad hacia ti. Andabas despacio, entreteniéndote de vez en cuando en oler las flores y seguir con la mirada los colores de las mariposas, y a base de sonrisas dulces -y respuestas cordiales- provocaste que mi ansiedad fuera aplacándose poco a poco. Y atemperándose mis urgencias. Hasta el punto de que cuando me señalaste el humo que brotaba de las chimeneas de algunos tejados de una pequeña aldea y me dijiste que aquella imagen te traía a la memoria las ilustraciones de uno de tus cuentos favoritos de cuando eras niña, sentí dentro de mi algo que podía ser nada menos -supuse- que la felicidad.

 Seguíamos andando codo con codo, sin tocarnos, y tú me hablabas de tu infancia, de tus amigas, de lo mucho que por aquel entonces te gustaba ir al cine. Programas dobles, sesión continua. Miraba asombrado tus enormes ojos verdes y me parecía verdaderamente increíble que me contases a mi todas esas cosas que te pasaban y te habían pasado. Me decías que no eras cobarde pero que no te gustaba estar sola. Pero que últimamente -deseaste matizarme- estabas muchas veces sola y sabías que de no quedarte otro remedio podrías llegar a acostumbrarte bastante bien a la soledad. "Nunca más vas a volver a estar sola" me brindé a ofrecerte como un caballero antiguo, y, aprovechando que en ese instante habían empezado a caer del cielo grandes gotas de agua, te tomé de la mano y echamos a correr los dos juntos a refugiarnos de la lluvia bajo el menguado zaguán de una de las casas de piedra. En unos tiestos plantados con lilas que teníamos a nuestra diestra los pétalos de las flores comenzaban a chorrear. "¡Cómo llueve!", exclamaste. Y te tomé por el hombro, repleto de confianza, lleno de alegría, como si ya te conociera desde hace un montón de tiempo y estuviese locamente enamorado de ti.

 Cuando al fin escampó retornamos los dos al camino, para continuar adelante, sin que ninguno nos decidiéramos a soltar nuestra mano de la del otro. Proseguimos la marcha sorteando los charcos, de la mano, en silencio. Aminoré el paso, me volví, palpé un mechón empapado de tus cabellos y te miré directamente a los ojos con unas ganas locas de besarte. "¿Te puedo besar?". Sonreiste, cerraste los párpados y frunciste los labios. Te besé. Nos besamos.

 Otra vez dentro del camino ibas formulándome, mientras avanzábamos, preguntas y más preguntas sobre mi vida. Lo que pensaba de esto y lo que pensaba de aquello otro y me chocaba que te interesase más enterarte de algo tan bobo como unos amores muertos o mis cometidos habituales en la empresa donde trabajaba que saber el lugar exacto al que la senda por la que marchábamos terminaba por conducirte, tras haberla recorrido de cabo a rabo. Te lo comenté. "Eres tonto ¿por qué le das tanta importancia a eso...? " -me respondiste- "... no ves que hay un sinfín de caminos capaces de guiarte a un millón de lugares". "Ya.. pero todos esos no los he elegido yo" intenté que recapacitases. A cambio tú preferiste retarme: "si a mi ahora mismo me diese por tomar uno de esos otros caminos de los que te hablo ¿que harías, me seguirías?". "No sé".

 De repente echaste a correr a toda prisa por un prado. Y te seguí. Me esparabas, jadeante, de pie encima de una pequeña vereda que había al otro lado de la hierba donde yo jamás hasta entonces había puesto mis pies.

 "Y... bien... ¿qué tal? ¿te encuentras bien?". Estaba un poco sorprendido de tu actitud y volví a responderte otra vez con un nuevo: "no lo sé". Tú, al instante, me echaste los dos brazos al cuello y colmaste mis mejillas de besos. Echamos a caminar de nuevo, los dos juntos, justo en el sentido inverso al que habíamos estado llevando hasta entonces.

 "Tú eres mi camino", te dije. "Yo soy tu camino", me confirmaste sin la menor de las vacilaciones.

 

  

 

26 Enero 2009

UNA MUJER DICE QUE...

 

"En París nunca se puede saber cuándo un día que amanece hermoso seguirá siéndolo. Antes de caer la tarde todo ha adquirido el tono del cielo, ahora gris. Bajo este tono, el domingo se hace inconfundible, igual a todos los domingos de todas las ciudades del mundo, porque en este día las cosas presentes se parecen tanto a los recuerdos de ellas mismas, que se hace difícil saber donde acaban unas y dónde comienzan los otros...".

 

(Maria de Villarino)

 

Hace ahora -de esto- justo setenta años. Nada. Una vida. Los hombres del occidente, hoy, seguimos recordando, y confundiéndolos con la realidad, los recuerdos de los domingos. Una vida. Nada.

25 Enero 2009

ELECTROAMOR

verlaine french por Loro Kidul.

 

Sólo con pronunciar tu nombre, el corazón me duele. El corazón sólo me duele cuando pienso en ti.

 

Cielo de amor, bruja de asfalto, copo de luz de una bengala de junio.

 

Eres, mi vida, como una estrella de San Juan envenenada.

21 Enero 2009

LA SOLUCION AL ENIGMA: BORGES ESTA VIVO

 

 Amables lectores que un post atrás han tenido la amabilidad de acercarse hasta mi blog, tomándose inlcuso algunos de ustedes la molestia de dejar constancia en él de sus comentarios y uno en concreto -específicamente la/el llamada/o o apodada/o Seikilos- la gentileza de que estos fueran correspondientes (vertidos con arreglo a criterios de estricta coherencia, quiero decir) a la pregunta que formulaba el texto, señalarles ahora aquí que el enigma toca por fin a su fin. Y su descubridor no ha sido otro que....

 Bueno, en puridad la solución cabal del problema no ha sido expuesta exhaustivamente por nadie. El que más cerca ha estado de hacerlo ha sido Seikilos -si bien ha de tenerse en consideración, y sin que con ello pretendamos restarle méritos al personaje, que es el único que lo ha intentado- pero tampoco lo ha conseguido del todo. Ha estado ahí, cerquita de lograrlo: ha tocado, ha gambeteado cerca del área, ha chutado de volea. Y la pelota ha ido al arco. Pero se la ha parado el portero.

Los versos que transcribi en mi anterior post no son en efecto -tal y como sospechaba el ínclito (o la ínclita) Seikilos- de Jorge Luis Borges, sino de una amiga mía, excelente poeta, llamada Susana Palma, de la que espero se conviertan en unos fans acérrimos. Más cabe que pudiera haber ocurrido con Susana lo que en uno de los más celebrados cuentos, obra del literato, le sucedió a Pierre Menard en relación con "El Quijote", y mi amiga esté reescribiendo ahora, por inspiración directa de Borges, un libro de poemas suyos que jamás salieran a la luz. Porque lo de Susana tiene que tener algún truco en alguna parte. Es muy, muy, buena. Y para muestra les dejo aquí otro botón (de nácar), a ver que les parece.

 Tengo miedo al disfraz de un mudo sentimiento,

al naufragio inminente de una noche vacia,

a unas manos de cera en la penumbra mía;

tengo miedo a sentir lo que en verdad no siento,

 

a un reloj moribundo, que, llegado el momento,

solicite a mis labios testimonio algún día,

a un adiós ambulante, a un simple todavía,

a unos brazos en cruz a voluntad del viento.

 

Cuando no haya papel donde ocultar mi miedo,

ni fuego en el que arder en lánguido suspiro,

me aferraré a la fe, conciliaré mi credo,

 

soñaré que despierto en un manso retiro,

donde pueda borrar la huella de mi dedo

y arrugar con mi frente el aire que respiro.

 

Y.. vaya.. si cabe la posibilidad real de que los versos de Susana sean en realidad de Susana -y no de Borges-, con lo que nuestro amable opinante (coherente) no estaría errado en sus vaticinios, pecaría de cortés -y aquí no estamos para confitar mignardises- si  no le instruyera al mismo de que sin embargo yerra de medio a cabo al sentenciar que Borges no utilizó jamás en su poesia los términos tic tac y guión. Lo siento, pibe, pero en esto andáis, vos, más que confuso. Miren...

 

QUICKFINDER

 

Recién llegados, al patio, al portón, a la vereda

celadores de estrellas en una noche mansa, sin luna

añorantes bisoños de un tiempo transcurrido que nada se llevó a su paso.

Persiste entre las cuadras, negro, válido, el abismo del pozo.

El agua de su vientre, esperando calmar la sed del sable y del matrero

y la impaciente ansia de la cabalgadura.

Se escucha al ruido del viento llegar desde muy lejos. Del mar, tal vez.

Emerge de entre la oscuridad el sonido del tictac de una máquina.

No es un reloj. El ruido forma parte ya de mi memoria:

tictac, tic tac, tictac...

son mis manos, más jóvenes, recorriendo de nuevo la historia del mundo.

Habrá veces en que vuelva para pasear por la vereda.

Y otras en las que, como el guión imperfecto de mi vida,

quede reducido a una repetición de nombres, de adjetivos, de frases

recapitulados en el cuaderno de otro hombre.

 

Tictac lo emplea además, Borges, junto, así: "tictac" y por separado: "tic tac", para no dejar el menor resquicio a la duda. Y como bien puedes observar, Seikilos, también en el terreno de la ofimática el maestro se nos ha revelado como un verdadero druida, un adelantado a su tiempo, un retornado del porvenir... al titular a este poema, suyo, dedicado a esos estudiosos reclacitrantes de su obra capaces incluso de aprenderse de memorieta el magnus magma de su ingente vocabulario, "QUICKFINDER".

De lo cual cabrá que apreciemos que la inspiración del genio ha imbuido también de genuina borgenidad al departamento de programadores de Microsoft. O incluso al propio Bill Gates.

 Algo de imposible materialización para los afanes de un muerto. Concluyendo: Borges sigue vivo.

 Os quiero!.

14 Enero 2009

EL POEMA SECRETO DE J.L. BORGES

jorge luis borges por CHESE Ilustraciones.

LOS ATAJOS DEL LABERINTO

Tengo yo un amigo profesor. En Suiza. Por la parte de Ginebra, más concretamente. Nos entendemos bastante bien los dos, ya que aunque mi francés diste mucho de ser fluido, ambos acostumbramos a emplear el español cuando departimos entre nosotros. Lo que por otra parte es bien natural contando con los orígenes de mi amigo. El es argentino, bonaerense, con -por lo menos- un paisano mío andaluz entre sus antepasados, alguien apellidado Barrientos. Mi amigo se llama Leocadio Nezzi Barrientos y en la actualidad se dedica a impartir clases de literatura hispánica en la universidad de Lausanne, donde entre sus alumnos figura tener fama de amable y despistado. Según me cuenta.

Le conocí a Leocadio por casualidad, a través de Internet, hará cosa de unos cinco años. A los dos nos apasiona Jorge Luis Borges y entrando a comentar en una web casi desconocida dedicada a este artista: "Los Atajos del Laberinto" -... se imaginan, en pos de un modesto lucimiento público acorde con nuestra perspicacia- la coincidencia de pareceres que ambos sustentamos esa vez sobre la intención última del autor al emplear en uno de sus cuentos una serie similes bastante estrambóticos, propició que naciese entre nosostros una fluida correspondencia dedicada, casi siempre, a poner en solfa nuestras opiniones, y contrapesar nuestras diferencias, en torno a todo tipo de detalles curiosos susceptibles de ser descubiertos en la obra del maestro por parte de todos aquellos que nos preciamos de conocerla a fondo. Y amarla como se merece.

Detalles estos, que por su particularidad, y sobre todo por las repercusiones e influencias de todo tipo que les presuponíamos pese a su aparente inocencia, gustábamos Nessi y yo que permaneciesen inadvertidos para el resto de los mortales, incluidos los visitantes más asiduos de "Los Atajos del Laberinto", y hasta los propios titulares del website, a quienes ni se nos pasaba por la cabeza hacer partícipes de tan suculento botín ¿qué iban a hacer con él esos pobres diablos?. Consignemos aquí entonces que, desde el que fue nuestro primer encuentro cibernético, el profesor Nessi y yo comenzamos a incubar al alimón una serie de secretos de escritorio, relativos a Borges, que nos han permitido gozar a ambos de algunos regocijantes momentos de meditación y remembranza.

Borgianos los dos, valga el término, y escritores ambos, aunque en lo que a mi respecta los méritos escasos que me proporcionan el sustento poco o nada tengan que ver con el canallesco mundo de las letras, hemos ido dedicando nuestros mejores afanes un días tras otro, una carta electrónica tras otra, a intentar desmenuzar la obra del excelso misántropo. Un trabajo de disección muy especial ya que más allá del cuerpo -las palabras- lo que a mi parecer hemos pretendido es insertar nuestros afilados bisturies cerebrales en el alma -las intenciones- del exclusivo esteta. Perseguimos una recompensa que si para muchos sería tirando a parca a nosotros dos se nos antoja valiosísima, la de hacernos con una serie de pistas definitivas en orden a descifrar alguno de los enigmas claves presentes en la existencia de Borges, el fundamental de todos sin duda, para mi, lo constituirían las razones por las que este jamás se decidió a escribir una novela, por más de lo que a este respecto pueda haber opinado en algún momento de su vida el señor Carlos Menem.

Y en estas, una de esas niñerías que a veces acontecen entre los fans más acérrimos de los divos -ejeeem...- Nessi y quien les habla empezamos a barajar la posibilidad (primero comenzamos haciéndolo en broma, luego: medio en broma medio en serio, y, a lo último, completamente ya a conciencia; y con ello quiero decir: conscientemente) de que esa novela existiera pero hubiere quedado inédita por la propia voluntad del maestro. O de Maria Kodama. ¡Vaya usted a saber!

En cambio, interesa por encima de lo restante a Leocadio descifrar el comportamiento sentimental de Borges. Y así se se cuestiona constantemente no tanto su celibato -al fin y a la postre son numerosos los escritores, y escritoras, que permaneciendo solteros hasta la fecha de su óbito no han llegado a levantar ningún tipo de suspicacias sobre su conducta- como el discreto papel que en comparación con el del amor en cuanto sentimiento universal, el genio habría decidido otorgarles en su obra a unas hipotéticas enamoradas suyas. Siendo justo esa curiosidad por intentar saber si los enamoramientos de Borges propasaron en alguna ocasión el terreno del platonismo para adentrarse en otros sin duda más jugosos, y resbaladizos, la que ha propiciado en primer término -luego hubieron de concurrir: la existencia de la vacante en el departamento de literatura hispánica de la institución, sus prolijos conocimientos de la materia y un entente apresurado con el sesudo caballero que en esos momentos dirigía el decanato- la presencia de mi amigo en Lausanne. Ginebra dista de allí no mucho más de media hora en automóvil y, de decidirnos a hacerle caso cuando perora sobre el asunto, habría sido la insulsa ciudad helvética, en la que se desarrollaron buena parte de sus vivencias juveniles, el escenario que permitió a Borges disfrutar junto a una muchacha galesa del gran amor de su vida. Tenía pendiente de averiguar no obstante, Leocadio, según el mismo reconocía, si aquél llego a gozarlo de forma categórica. Esto es, saber si los contenidos sentimientos eróticos del numen llegaron, o no, a desbocarse, a materializarse de facto con el goce real de las formas y las texturas de la carne de la chica. Si llegaron a acostarse juntos, vaya.

Sobre la identidad de la presunta amante británica de Borges guarda el susodicho -incluso conmigo, que a lo más que se atrevió, fue a revelarme esos orígenes cámbricos de la mujer- un cauteloso hermetismo y yo me dedico a incordiarle un poco poniendo en tela de juicio la verosimilitud de sus conjeturas, no paro de reclamarle pruebas concretas en las que poder sustentarlas. Esto es algo que a él le saca de sus casillas, aunque no lo reconozca, y en las cartas en las que deberían haber figurado sus explicaciones, procede siempre a despacharse desentendiéndose de mis apremios y remiténdome atolondradamente a algún ensayo suyo -concerniente a algún ensayo de Borges- del que, a su juicio, a poca suspicacia que posea el lector va a caberle detraer de lo escrito los datos necesarios para deducir que el joven Jorge Luis sucumbió, cual simple mortal, a los dulces encantos del erotismo durante su estancia ginebrina. Con lo que él a su vez -no sé si a propósito- consigue, también, descasillarme a mi, que no alcanzo a asimilar como pese a semejante desgobierno en su estilo literario -y lo extremadamente aleatorias que acostumbran a ser sus infrecuentes opiniones- esa serie de opúsculos suyos sobre el literato, objeto de sus citas, le han podido permitir disfrutar de cierto nombre y alguna reputación en medios académicos. E incluso audiovisuales. Entre nosotros, Leocadio es un fantasioso embarullado. Sí, esa es la calificación que mejor le define al pájaro: la de fantasioso embarullado. Pero al muy cabrón lo han sacado ya en la tele como contertulio de algunos debates culturales ¡por lo menos cuatro veces!.

El colmo del vaso se rebasó ayer mismo a las once de la noche. Llevaba ya unos dias, el botarate, mandándome una serie de correitos en los que aludía a la gigantesca sorpresa que iba a llevarme a no mucho tardar si ciertas pesquisas en las que andaba enredado con una guapa bibliotecaria de Grenoble -el tío me aseguraba que "la mina es lindísima"- llegaban por fin a buen puerto. Fue ayer por la noche que recibi, en la pantalla de mi ordenador, estas palabras de Leocadio que paso ahora a transcribir acá:

"Pese a que estabas sobre aviso, boludo, la sorpresa que te voy a dar, va a ser, igual: bufante, gigantesca. Al final, he podido salirme con la mía y el original se halla ahora mismo en mi poder. Blanche lo encontró dentro de una primera edición de "La Cartuja de Parma" y tras una deliciosa cena romántica, y su colofón correspondiente, la joven no ha tenido el menor reparo en cedérmelo. Sí, así es... antes no era de nadie, ahora es mío. No me consta quién pudo haberlo metido entre las páginas del libro. Sí conozco al dueño de la mano que lo redactó. Su estilo es inconfundible. Y la firma, también. Ahí tenés, ante vuestros ojos mezquinos y medio cegatos, una poesia inédita de J.L. Borges, un soneto. ¡Disfrutala!.


La eternidad fue ayer, hoy es la historia

de una flor que mi mano ya no alcanza,

el guión de otra noche de añoranza

y este olor a lavanda en mi memoria.

El tictac de un reloj; métrica y gloria,

Pandora liberando la esperanza,

corazón que no inclina la balanza;

un final con sentencia absolutoria.

La eternidad se fue de nuestro lado

y nos dejó aquel verbo intransitivo

que ahora conjugamos en pasado;

sin pronombre sin causa y sin motivo.

Me pregunto si Dios se habrá cansado

de esperarme a la sombra de su olivo.


Leí el poema dos veces y volvi a releerlo una vez más. Me emocioné. Sonreí. El que Leocadio no hubiese dado con su paradero entre la extensa obra del prócer, no quería decir que fuera inédito. ¡Ni mucho menos!. Además... estaba casi convencido que todo eso que me contaba de la hermosa bibliotecaria, la cena, y el colofón a la misma, no pasaría de ser un desvarío, otro más, de su obtusa mente calenturienta. Sin embargo... he dejado pasar una buena parte de la noche repasando a conciencia la obra completa del insigne escritor y no he podido dar con el texto. ¿?.

Estoy convencido, casi, de haberlo leído antes, en alguna ocasión, no sé cuando, no sé en que libro.... ¿alguno de ustedes me puede ayudar a encontrarlo?. Esto me permitiría desenmascar la burda patraña del bellaco. Y yo se lo agradecería eternamente.

12 Enero 2009

LA VICTIMA NIHILISTA (Los Poetas)

Yo, que intento comprender al tiempo y a otros ámbitos ultradimensionales que en modo alguno van a poder ser nunca inteligibles. Yo, que al escribir persigo la quimera de atestiguar con mis divagaciones el logos de lo mágico. Combatiente de tópicos, de axiomas, de obviedades, de lugares manidos, de rumores y ajeno a la verdad de los best-sellers y las listas de discos más vendidos, como estilo de vida.

Yo, divulgador sereno de la ciencia en el verso, y en el decir si es oportuno. Amante fiel de la exactitud, de lo probable. Excéntrico en mi patria, ciudadano del mundo. Moderno, sibarita, raro... pero discreto y con la apariencia de cualquiera.

Yo, un descarado ególatra, un artista, todavía soy capaz de derrumbarme, de astillarme, de llorar, cuando una mujer cualquiera -medianamente inteligente, dudosamente guapa- que me gusta, desdeña mi cortejo.

¿Para qué tanta fe? me digo ¿tan contumaz persecución de la verdad y el cenit? ¿No cambiaría todo lo que conozco por besar esos vulgares labios que me niegan? ¿No habrán sido precisamente estos “no quiero” los que me han hecho magnificar “lo trascendente”?.

¿No será en realidad el verdadero arte un destello de cuerpos y sonrisas y aún los más gratos versos tan sólo sucedáneos resentidos?.

¿No asilarán los hondos del poeta a un hombre sin encanto, un cursi, un tenorio frustrado?.